10.3.12

Mis tesoros, parte I

Un día estaba en la Biblioteca de Santiago en el sector de biología, buscando libros de evolución para llenar mis tiempos libres. De pronto vi un lomo negro que me llamaba profundamente la atención; entre "Evolución de los vertebrados", "Fisiología animal", "Taxonomía" y otros, se leía "FRENTE A FRENTE - Lanting", se veía tan solemne y excepcional. Sin embargo, seguí escudriñando la repisa haciendo caso omiso de mi primer instinto (algo común en mí y que siempre reprocho) y me decidí por leer "Evolución de los mamíferos" (altamente recomendado si no fuera por una garrapata sobreviviente que saltó cuando llegué a las musarañas), en fin, cuando me iba, mis ojos se posaron nuevamente en Frente a Frente y esta vez, sabiendo que era justo y necesario, lo tomé. Entonces pude ver la portada y en un segundo me enamoré perdidamente.

Las personas suelen decir que las portadas de los libros no importan, sino que el contenido es lo esencial y tienen razón en la mayoría de los casos, pero esta portada era tan elocuente y conmovedora que supe que debía concentrarme en ella y aquí está.



Leer el prólogo fue toda una revelación
"Los animales son mis maestros: se definen a sí mismos en sus encuentros conmigo..., y no hay dos iguales [...] Lo que mis ojos buscan en estos encuentros no es sólo la belleza tradicionalmente reverenciada por los fotógrafos naturalistas. La perfección que busco en mis composiciones fotográficas es un medio para mostrar la fuerza y la dignidad de los animales en la naturaleza. Este libro es mi tributo a ambas."
Cada página me convencía más de llevarlo conmigo, demoré diez minutos en observar cada rostro, cada mano, ala, pata, torso. Me inundé en los ojos de aquellos animales. Lo pedí, me lo prestaron por un par de semanas. Regresé en bus a mi casa, convencida de que no podría encontrar algo tan valioso en mucho tiempo. Intenté explicarle a mis familiares la hermosura de esta obra. Lloré diciéndole a Matías lo que significaba para mí, él comprendió (él siempre comprende) y como soy la princesita de la casa mi padre me lo compró al día siguiente y yo pude devolverlo a la biblioteca.
Cada página del libro es un viaje a un nuevo mundo y le estoy infinitamente agradecida a Frans Lanting por permitirnos un encuentro tan cercano con la fauna a lo largo y ancho del planeta Tierra. Hoy lo saco de mi estantería una vez más para admirarlo, para sentirlo, para reconocerme.


Definitivamente, un gran tesoro.

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