Las personas suelen decir que las portadas de los libros no importan, sino que el contenido es lo esencial y tienen razón en la mayoría de los casos, pero esta portada era tan elocuente y conmovedora que supe que debía concentrarme en ella y aquí está.

Leer el prólogo fue toda una revelación
"Los animales son mis maestros: se definen a sí mismos en sus encuentros conmigo..., y no hay dos iguales [...] Lo que mis ojos buscan en estos encuentros no es sólo la belleza tradicionalmente reverenciada por los fotógrafos naturalistas. La perfección que busco en mis composiciones fotográficas es un medio para mostrar la fuerza y la dignidad de los animales en la naturaleza. Este libro es mi tributo a ambas."Cada página me convencía más de llevarlo conmigo, demoré diez minutos en observar cada rostro, cada mano, ala, pata, torso. Me inundé en los ojos de aquellos animales. Lo pedí, me lo prestaron por un par de semanas. Regresé en bus a mi casa, convencida de que no podría encontrar algo tan valioso en mucho tiempo. Intenté explicarle a mis familiares la hermosura de esta obra. Lloré diciéndole a Matías lo que significaba para mí, él comprendió (él siempre comprende) y como soy la princesita de la casa mi padre me lo compró al día siguiente y yo pude devolverlo a la biblioteca.
Cada página del libro es un viaje a un nuevo mundo y le estoy infinitamente agradecida a Frans Lanting por permitirnos un encuentro tan cercano con la fauna a lo largo y ancho del planeta Tierra. Hoy lo saco de mi estantería una vez más para admirarlo, para sentirlo, para reconocerme.
Definitivamente, un gran tesoro.
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