
Padre de mi corazón, tú no te imaginas lo
indispensable que eres para mí.
Lo muchísimo que te adoro, lo afortunada que me
siento de ser tu hija, cómo admiro tus logros, tu actitud frente a la vida, tu
sentido de responsabilidad y tu humor.
Eres la inspiración de mi formación profesional,
de mi crecimiento personal y de mi actuar día a día.
La vergüenza que siento cuando debo contarte mis
errores. El orgullo cuando cuento tus historias a otras personas y digo con
convicción infinita “Mi papá es el mejor”, siempre con los ojos brillantes,
siempre visualizando tu sonrisa.
Una semana después de que mamá y tú se separaron,
una compañera que no lo sabía me dijo "si tus papás se divorciaran, tú te
quedarías con tu papá". Yo me reí, porque nunca lo dudé. Porque quiero
pasar hasta el último día de mi vida acompañada por ti. Porque le pido al cielo
no tener que verte partir, papá.
Porque cada vez que lloré, que me frustré, que
llegué enrabiada a la casa, que tuve un antojito, que deseé emprender una
aventura, que logré lo que quería, siempre estuviste allí, con un abrazo firme
y un besito en la frente. Nadie me conoce y ama como tú, nadie ha logrado darme
el consuelo que tú me has dado.
Recuerdo cómo guardabas los dibujitos que te
hacía (nunca olvidé hacerte el bigote), y cómo bailabas conmigo. Recuerdo
cuando me explicabas que no estarías conmigo ni Navidad ni Año Nuevo porque
tenías turnos que hacer y yo pataleaba un poco pero entendía y cada vez que
terminaba la cuenta regresiva corría a un lugar silencioso y te llamaba para
decirte lo mucho que te amaba y lo demasiadísimo que me hubiese gustado estar
contigo.
Recuerdo cómo aceptabas animales en la casa sólo
porque yo los amaba (necesitaba) y cómo enterraste a mi perrita regalona cuando
murió… y luego me regalaste un cuadro con su foto para que no sufriera tanto.
Lo orgulloso que estabas de mi rendimiento
escolar y lo mucho que sufrías cuando era infeliz. Nunca olvidaré la frase:
“Estudie lo que quiera, pero en lo que haga sea la mejor”. La libertad y la
confianza que depositaban en mí.
Nuestras salidas los días sábado, los
chocolatitos que me has regalado. Las millones de veces que me explicaste algo
de biología u otros ramos. Lo mucho que amaba verte bailar, tus hermosas y
exquisitas oncecitas.
Lo feliz que estabas de que pololeara, y los
millones de maquillajes que me has regalado y que no he usado. Recuerdo muy
bien cuando terminé con él y me saliste a recibir, porque “mi niñita no puede
andar llorando sola en la calle, para eso tiene a su padre”
Cuando lloraste porque quedé en medicina y me
acompañaste a la matrícula. Cómo te reías de que me hicieran besar un dibujo de
Netter. Hoy me viniste a ver y la energía que me entregaste fue como siempre,
incuantificable. Ahora tengo fe en mí nuevamente, ahora tengo energía para
seguir.
Todo eso está en mi corazón, papito, y espero
poder retribuirlo.
Te amo tanto, tanto. Las palabras jamás serán
suficientes.
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